31 de Marzo de 2007
EL TEMOR Y LA FE
A la hora de orar, consideremos que no es a Dios a quién tenemos que convencer de eso que deseamos o necesitamos, Él sabe antes que nosotros cuáles son nuestras necesidades. Es en nosotros mismos, en el fondo de nuestro corazón (subconsciente) en donde debemos desechar todo indicio de duda. El deseo es poderoso y todo se nos puede dar si tenemos Fe, pero primero que nada debemos saber qué queremos.
Muchas veces no se nos da nada porque en realidad no sabemos lo que queremos o cambiamos de opinión constantemente. Quisiéramos una casa o un auto, pero: ¿De qué tamaño, de qué color y características? Un buen trabajo y; ¿Cómo vamos a servir a nuestros semejantes?. La oración científica funciona sin lugar a dudas, pero para que funcione, tenemos que responder a las preguntas de arriba y concluir claramente el propósito de nuestra oración. ¿Por qué y para qué deseo?.
El siguiente paso es reconocer que Dios es todo lo que es. La existencia toda es Dios, el Universo entero. Nosotros somos parte de esa existencia y la esencia de Dios está en nosotros. Teniendo claro en nuestra mente lo que deseamos lo siguiente es afirmar que ese deseo o necesidad ya están cubiertos, con Fe, “Y todo lo que pidiereis en oración, creyendo, lo recibiréis”; Mateo XXI.22. Afirmar es declarar que algo es, la verdad de un hecho. Y así, cuando en la mente algo es, hecho está. Algo importante es notar que al orar científicamente, en lugar de suplicar, estamos afirmando.
La súplica conlleva duda, incredulidad. Porque si Dios ya nos lo ha dado todo, ¿Por qué no habría de permitir que se manifieste nuestro deseo. Una vez que ha quedado claro el propósito de la oración, que se reconoces que Dios es todo y que somos parte integral de ese todo, lo que deseamos se nos da como por arte de magia.
En resumen; definamos bien lo que queremos, reconozcamos que Dios es todo. Como toda manifestación, hay un periodo de gestación y el deseo se manifestará en el momento más oportuno y la forma más adecuada. Sólo la duda será el obstáculo para que se cumpla cualquier petición. “Pedid y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquél que pide, recibe; el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. ¿Qué hombre hay de vosotros, que si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si le pide un pescado, le dará una serpiente? Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿Cuánto más vuestro Padre, que está en los cielos, dará buenas cosas a los que le pidan? Mateo VII.7, 11
Es común que después de orar, continuemos con nuestras actividades cotidianas, pero no sin dejar de pensar en aquello por lo que hemos orado, sobretodo si es algo que nos preocupa, como una enfermedad, alguna deuda que no podemos cubrir, etc. El pensar o estar a la expectativa de lo que hemos pedido en oración, en forma positiva, con gozo por lo que está por venir, es bueno y contribuye a que se manifieste el objeto de nuestra oración. Sin embargo, si nuestros pensamientos continúan alrededor de lo que pedimos, pero con angustia o desesperación, significa que no creemos que se nos pueda dar. Es la incredulidad, la duda, lo que no permitirá que se manifieste lo pedido.
En la Biblia, Jesús nos insta a orar sin cesar. Esto no significa que vamos a estar de rodillas pidiéndole a Dios todo el tiempo lo que queremos o necesitamos. Como decíamos antes, no es a Dios a quien tenemos que convencer de nada, Él sabe de antemano cuáles son nuestras necesidades.