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3 de Febrero de 2007

SEMBRANDO FUTURO

 

Pensemos por un momento qué pasaría o cómo nos sentiríamos si de pronto pudiéramos ver hacía atrás con lujo de detalles nuestro pasado y nos diéramos cuenta que cada cosa, cada momento, cada experiencia, sin importar si pensamos de todo ello como bueno o malo o regular,  había estado perfecto. Tanto lo que sucedió, como el momento, el lugar y las circunstancias que se dieron. Vamos a pensar también que un “maestro” nos dijera que lo que el futuro nos depararía, estaría igual de perfecto con cada experiencia en el lugar y el momento adecuados, bajo las circunstancias adecuadas, de acuerdo a la elección que llegáramos a hacer del camino a tomar.

 

 Sabríamos entonces que no hay nada de qué preocuparse. Ya que todo está previsto de acuerdo a la elección que tomemos. Todo lo necesario estará ahí en el camino que elijamos. Entonces, no teniendo de qué preocuparnos, sería cuestión de ocuparnos de hacer una buena elección en el presente. Se ha dicho hasta el cansancio que lo que sembramos cosechamos. A la hora de decidir el camino a tomar, le estamos diciendo a la vida lo que queremos de ella. Cuando elegimos mal o de plano no elegimos, sino que dejamos que otros elijan por nosotros y permitimos que los vientos  nos lleven,  estaremos a la deriva, llegando a puertos que no queríamos o sin tocar puerto.

 

Lo que en el fondo de nuestro corazón deseamos, nuestros verdaderos sueños y aspiraciones, yacen ahí latentes, esperando a que tomemos las decisiones correctas, a que elijamos bien el curso de nuestras vidas y entonces todos nuestros deseos sueños y aspiraciones se realizarán. No se puede hacer demasiado énfasis en la importancia de elegir correctamente qué camino tomar. Es de suma importancia estar seguros hacía donde queremos ir: ¿Qué es lo que queremos de la vida?, ¿Qué es lo que más nos haría felices? ¿Qué es lo que estamos dispuestos a dar por ello?  En demasiados casos las decisiones las tomamos por razones inadecuadas, no válidas; “porque era un camino fácil; porque se ganaba mucho dinero; porque es lo que se esperaba de mí; porque no me decidía y apareció esa alternativa; porque tomé lo primero que encontré”. Razones equivocadas.

 

Afortunadamente, Dios, en su infinita sabiduría, no sólo sabe lo que en el fondo de nuestro corazón queremos sino que al darnos libre albedrío, permite que tomemos las lecciones que nos enseñarán el camino que nos lleva finalmente a vivir felices en propósito, cumpliendo en paz y armonía nuestra misión. Se cosecha lo que se siembra y por lo mismo: recuerda que cuando das algo, estás dándote a ti mismo.

 

 

* Da, siempre que puedas, sin condiciones, libre y sin esperar nada a cambio.

* Trata a todos los que crucen tu camino como si trajeran regalos de Dios para ti, porque así es.

* El universo que ves es tu propia invención. Él coopera contigo y te apoya. Actúa como si ya fuese cierto, y será.

* No trates de tomar decisiones por otros, o hacer que cambien de opinión. Sólo lograrás infelicidad, y los confundirás sobre la responsabilidad de dirigir su propia vida. Confía en la relación de Dios con esa persona, y tú encontrarás la relación que Dios tiene contigo.

* Diez minutos diarios de concentración, meditación, u oración, cambiarán tu vida para siempre.

* Pregúntate cada vez que puedas: "¿Quién soy yo? ¿Qué es lo que yo realmente quiero? ¿Cómo puedo mejorar mi vida aún más? ¿Cómo puedo ser una mejor persona para aquellos que me rodean?"

* No te preocupes de lo que otra gente piense, diga, haga, no haga, o cómo te vea. Tanto el resentimiento como la condescendencia bloquean el reconocimiento de tu ser verdadero, y retardan la demostración de tus anhelos.

* Enseña lo que sabes a aquellos que se interesen por entender y aprender.

 

 

 

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