30 de Diciembre de 2006
EL PENSAMIENTO ES PRIMERO
Todo el día y hasta en la noche estamos pensando o soñando en algo. Continuamente pasan por nuestra mente una cantidad impresionante de imágenes, recuerdos, deseos, inquietudes, angustias, miedos, rencores, escenas complementarias de algún suceso que creemos que no fue satisfecho y hasta diálogos y monólogos compensatorios.
Entre tantas ideas diferentes y desordenadas, nos detenemos a pensar con mayor persistencia en aquello que nos impactó sentimentalmente y dejó huella o inquietud latente.
Nos preocupan generalmente ideas que han producido sentimientos de temor, repulsión, simpatía, antipatía; sentimientos de agrado o de desagrado.
Pasamos y repasamos el tema y hasta comentamos con alguien y así se llena la mente de más pensamientos que refuerzan el tema en cuestión y pasan a formar parte del material almacenado en el subconsciente en el que se graba y sale al menor estímulo, como si fuera un fenómeno reflejo, y poco a poco se va convirtiendo en creencia o convicción de que “así es” y se decretan los estados de ánimo y, por lo mismo, la calidad de vida.
Se sabe que el subconsciente, al igual que la mente, “no discierne, no decide nada, no opina ni piensa por sí solo; el subconsciente no tiene poder para protestar, no tiene voluntad propia” simplemente almacena datos que estarán a la disposición permanente, para provocar la reacción cada vez que ocurra algo referente a una de las ideas almacenadas. La reacción se produce de la misma manera como sucedió cuando fue grabada y actúa de manera inconsciente.
Nadie se acuerda cuándo escuchó por primera vez la palabra “gripe”; pero se enferma de gripe cuando vive las circunstancias en las que fue grabada esta palabra. Lo mismo sucede cuando se corre la voz de que hay alguna epidemia, todos los que guardaron este dato se contagian mientras que los que no tienen almacenado el antecedente de este mensaje no se contagian y se aduce al buen estado de sus defensas.
La mente no sabe de bromas, almacena el dato y ya, no sabe cuándo se dijo en broma y cuándo en serio y como el subconsciente es un “servidor exacto” no tiene sentido del humor y sólo sabe obedecer incondicionalmente; trata de cumplir la orden que se da con las palabras y con el sentir y actúa como un reflejo, causa y efecto.
Por programaciones infantiles negativas, por lo que se escucha en la radio o se ve en la televisión, por recomendaciones escolares y más mensajes dados y recibidos con muy buena intención, se aceptan algunas ideas erróneas que crean verdaderos decretos que actúan sin consentimiento, automáticamente y hacen de la vida una experiencia ingrata.
Cada uno lleva un cargamento voluminoso de ideas ajenas que afectan a las cinco dimensiones: mental, física, espiritual, social y económica. Si se utiliza la libertad para aceptar o rechazar y se elige el no aceptar ideas negativas, “no hay germen ni virus, ni poder alguno en el mundo que ataque ni convenza al subconsciente para que actúe de diferente forma a la que conviene y corresponde al bien personal”.
La voluntad, positiva o negativa, da calidad a la vida. Todas las posibles calamidades humanas: enfermedades, accidentes, dolencias, pleitos, desarmonías, escasez, fracasos y hasta la muerte son efectos directos de la forma en la que se manejan los pensamientos porque todo se atrae, positivo o negativo, como si fuera un imán. La ventaja es que al darse cuenta de la causa se puede cambiar los polos de este imán, entender, trabajar y perdonar para poder cambiar las programaciones negativas a positivas.
Todas las creencias falsas se pueden sustituir por las correctas y el lugar que ocupaban las ideas negativas en el subconsciente se llena con ideas positivas para que no tengan cabida las ideas negativas.