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29 de Junio de 2007

LA DISCIPLINA

 

Los seres humanos tenemos sentimientos, pensamientos, deseos y un sinnúmero de emociones; pero en nuestra convivencia con los demás nos encontramos con los sentimientos, pensamientos, deseos y emociones de los demás.

 

Todos los seres humanos somos libres de hacer lo que queramos,  dentro de nuestras posibilidades; pero en este ejercicio tenemos que compartir con la libertad de los demás y es cuando es posible que surjan los problemas convivenciales. Todos estamos sujetos, como todo lo que existe, al tiempo; tenemos un pasado, un presente y un futuro y, de alguna manera, lo que se haga hoy tiene que ver con lo que sucedió ayer y con lo que sucederá mañana.

 

La disciplina es hacer bien lo que se tienen que hacer aquí y ahora; es sujetar los impulsos y deseos a la fuerza de nuestra voluntad, no todo lo que deseamos, lo que queremos o lo que nos gusta puede ser realizado en el tiempo y en la forma en que lo queremos porque estamos sujetos a la convivencia con los deseos y la libertad de los otros y también estamos sujetos a  la historia personal pasada y a las expectativas futuras.

 

Los impulsos y deseos tienen que sujetarse a la voluntad. En los niños y los jóvenes es importante la disciplina porque es la forma de educar la voluntad en base a los valores de convivencia. Es la cimentación de la calidad de vida. La disciplina en los primeros años de vida tiene que ver con poner reglas claras, con explicar y hacer entender los motivos de esas reglas y con demostrar cuáles son las consecuencias de no cumplirlas.

 

Poco a poco, cuando los hijos crecen, lo que debería suceder es que requieran menos rigor disciplinario externo porque sus actos ya deben estar más dominados por su propia voluntad y la reflexión sobre las consecuencias de ellos, sobre la conveniencia e inconveniencia de su forma de actuar.

 

La principal fuente de toda disciplina es el ejemplo familiar, si somos disciplinados, es muy probable que nuestros hijos aprendan de ello y lo sean en todos su actos. La mejor forma de disciplina es el convencimiento de la regla. Una de las razones por las que las reglas no se aceptan o no se acatan es por la falta de claridad en la disposición. Algunos padres no explicamos la conveniencia de observar las reglas, leyes y reglamentos que deben regir nuestros actos; ni el bien que se obtiene conociendo y practicando determinada reglamentación.  ¿Cómo sería el tránsito sin autoridades ni reglamentación? ¿Las clases sin horarios?

 

Una de las causas de indisciplina es la flexibilidad en la observancia de las disposiciones; no somos constantes en las consecuencias o las sanciones que se desprenden de haber seguido o no las reglas. Algunas veces nos enojamos con los hijos o los castigamos por desperfectos o deterioros accidentales de bienes inmuebles y toleramos mentiras, engaños, desobediencias, faltas al respeto propio y ajeno, etc. No somos constantes en las explicaciones de conveniencia de actuar de acuerdo con reglas.

 

A veces son tantas las reglas que les ponemos a nuestros hijos que acabamos haciendo casi imposible que alcance el día para que puedan cumplir con todas ellas.

 

Cuando los niños van creciendo, es saludable que participen imponiéndose sus propias reglas y sus propias sanciones, por ejemplo a qué hora recogerse, cuánto tiempo dedicar a la televisión, a la computadora, al internet; cuándo ayudar en el aseo de la casa, etc.

 

La disciplina de los padres debe ser una orientación mientras el niño puede medir la consecuencia de sus actos; pero conviene permitirle crecer poco a poco hasta que su fuerza de voluntad y sus valores regulen su conducta.

 

En el campo disciplinario lo que trauma o enferma psicológicamente a los niños no es la autoridad misma sino los excesos o defectos en el modo de ejercerla. La disciplina es importante en la vida comunitaria y la autodisciplina es la llave del éxito en cualquier actividad.

 

 

 

 

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