10 de Marzo de 2007
ESPERANZA
En sesiones anteriores decíamos que Esperanza es otra palabra a la que se le ha dado una connotación diferente a la original. De acuerdo al diccionario la palabra Esperanza significa: Confianza que se tiene de recibir algo, que ocurrirá algo o que se logrará lo que se desea. Hoy en día, por lo general, cuando alguien habla de esperanza, se refiere a que cree que se va a dar lo que desea, pero no está seguro, tiene la “Esperanza”. Es decir, lo equiparamos con ¡ojala!, que significa “Dios quiera”, y no que realmente está seguro de que se dará.
Otro uso que les damos a las palabras Fe y Esperanza, es para designar la religión que profesamos, lo cual está bien. Sin embargo, en lo que atañe al tema que estamos tocando en esta serie de sesiones de superación personal y mejoramiento de la calidad de vida, nos estamos refiriendo a la creencia de que algo que deseamos se dará. En la Biblia se lee: “Pide y se te dará”, no hay condiciones y está muy claro, como todo lo que queremos entender y en lo que queremos creer; pero las diferentes programaciones infantiles nos recuerdan que tenemos que hacer méritos que otros han determinado para poder sentirnos merecedores.
Si pensamos que esta vida es un valle de lágrimas, ¿cuándo podremos creer que somos merecedores de toda la abundancia de la creación? ¡Nunca!. Queremos establecer como base para una mejor comprensión de la palabra Esperanza en el contexto en que la utilizamos en este Curso. Cuando la esperanza está basada en una programación o premisa falsa no es esperanza sino ilusión y expectativa que al no cumplirse crea desilusión. Al no cumplirse lo que se esperaba, la frustración hace que el hombre se sienta herido y demande juicio para encontrar a los culpables de su fracaso y poder tomar venganza con odio, cólera, resentimiento y miedo.
La esperanza es real cuando está basada en una premisa verdadera, por ejemplo, cuando se hace conciencia de que el hombre es hijo de Dios con todo el merecimiento que esto implica: Nacido para gozar y experimentar la vida con amor y acción creativa. Al cultivar el amor y el entendimiento, el hombre se ama y se respeta; ama, respeta y entiende a los demás; se acepta y acepta a los demás; respeta y puede entender que las acciones de los demás están inspiradas en sus programaciones. La esperanza y la duda tienen el mismo poder, la esperanza en positivo y la duda en negativo, así como la fe y el temor.
La realización plena de la esperanza es poseer, como niños, el reino de Dios Interior. El reconocimiento honesto de esta verdad, sin vanidad, ni soberbia, aumenta la autoestima y permite el aprecio propio, con cualidades y limitaciones. La autoestima permite disfrutar de la vida con reconocimiento de todo el merecimiento que da la calidad de “hijo de Dios”. La falta de autoestima limita el desarrollo e impide el disfrute de los bienes de la creación. Para tener un sólido aprecio de uno mismo nos conviene crear pensamientos positivos y realistas basados en premisas verdaderas y actuar de tal manera que el ambiente pueda proporcionar información sobre los logros, creando así un círculo virtuoso de autoestima: “Así como soy, yo puedo, porque así me quiere Dios”.
Todos tenemos la capacidad para ser cada vez mejores, manteniendo una actitud mental positiva con esperanzas basadas siempre en premisas verdaderas. Sin establecer comparación con otros, sin enjuiciar y recordando siempre que somos valiosos, distintos, únicos e irrepetibles (al nacer se rompió el molde).