reglamento

 

 

Regresar

 

 

 

 

 

27 de Enero de 2007

EL PRESENTE

¿Qué tiene de especial este preciso instante?. ¿Hay cosas que querríamos modificar?. La belleza del presente es que nos da un lugar a partir del cual comenzar y la comprensión de saber hacia dónde ir.

 

No hay nada desconocido en el ahora. Es un punto excelente en el tiempo y en el espacio. Cualquier problema que percibamos en este momento está basado en nuestra propia interpretación. Nada está mal, a menos que así lo decidamos considerar.

 

Optemos por ver y vivir la justicia y benevolencia de este momento. Trascendamos las insignificantes preocupaciones que nos han retenido en el pasado. Liberémonos para poder vivir de la mejor manera posible.

 

Nutrámonos en la belleza y la energía del presente. Enfrente de nosotros se expande un mundo de posibilidades. Todas están comenzando. La vida ya rebosa riquezas, y nuestra oportunidad de hacerla aún mejor es ahora.

 

En lugar de irritarnos, divirtámonos. En lugar de enojarnos, seamos curiosos. En lugar de envidiar, sintamos admiración. En lugar de preocuparnos, hagamos algo. En lugar de dudar, tengamos fe en nuestra propia realización.

 

La energía negativa es sólo energía positiva que está fluyendo en la dirección contraria. No hay necesidad de luchar ni de escapar de esa energía negativa. Todo lo que nos conviene hacer es cambiar su dirección.

 

Cuánto más negativo eres, más positivo puedes ser. Un automóvil que puede viajar a 120 kilómetros por hora hacia el Este, puede viajar igual de rápido hacia el Oeste. Pero primero, alguien debe hacerlo girar el volante para que cambie de dirección.

 

Cuando sintamos que nos estamos volviendo negativos, detengámonos y pensemos en lo que significaría aplicar esa energía negativa en la dirección opuesta.

 

Convirtamos la tristeza en compasión. Transformemos las quejas en sugerencias útiles. Cambiemos la amargura por determinación. La energía ya está allí. Todo lo que nos conviene hacer es cambiar su dirección.

 

Adaptémonos. Podemos acostumbrarnos a casi cualquier cosa. El cerebro y el espíritu humanos son muy adaptables. Así hemos vivido. Así nos aferramos a las oportunidades. Así prosperamos. Así triunfamos, aún a pesar de que las oportunidades de lograr algo parezca que son nulas.

 

Adaptarse no significa rendirse ni renunciar. Significa admitir la realidad de la situación y luego determinar qué conjunto de acciones hará que las circunstancias funcionen a nuestro favor. Aunque adaptarnos puede funcionar; también puede jugarnos en contra. Con el objeto de preservar nuestra comodidad, podemos aprender a adaptarnos y a aceptar menos de lo que somos capaces de conseguir.

 

Al enfrentar condiciones cambiantes, podemos adaptar nuestros sueños o podemos adaptar nuestros actos. Para que adaptarse sea una fuerza positiva, debe estar guiada por un claro sentido del rumbo. Cuando el fin tiene suficiente sentido, nos empuja a usar nuestro increíble poder de adaptación para seguir ese fin hasta las últimas consecuencias. Somos buenos en lo que a adaptarse se refiere. Lo hacemos todos los días. Asociemos esa capacidad a un fin apremiante y convincente, y lograremos grandes cosas.

 

Muy a menudo sucumbimos a la tentación de presionar el botón de avance veloz, de saltarnos la página que estamos leyendo para ir directamente a la próxima. Como si saltar hacia adelante, de alguna manera hiciera que las cosas fuesen mejores, o más simples, o más emocionantes.

 

La belleza y la alegría de la vida provienen de vivirla. Adelantar o retroceder sólo sirve para hacerle trampa al maravilloso presente.

 

 

 

Centro Deportivo Kennedy Cuadro de Honor Escudo y Monograma Portal de Noticias