24 de Febrero de 2007
CAMBIANDO EL PASADO
Todo lo que percibimos, todo lo que vemos, oímos, sentimos, gustamos, palpamos y olemos, todo es creado por nuestra propia mente. El mundo no es como lo percibimos. Todo primero es pensamiento y el pensamiento es como semilla en tierra fértil y se convierte en realidad de acuerdo con nuestra creencia porque lo que creemos en el mundo ideal, creamos en el mundo de la realidad.
Nunca podremos saber exactamente como es. Los olores, colores o formas son creaciones de la mente que necesita estructurar de esa manera la realidad para desenvolverse en ella. Los olores, colores, formas, sabores no existen como tales en el mundo objetivo: ¡es nuestra mente la que los crea de esa manera! Y la percepción depende del grado de evolución del entendimiento.
La segunda verdad sobre la realidad es que cada persona la construye de manera distinta porque las sensaciones provenientes de ella engañan fácilmente a los sentidos y responden a programaciones infantiles instaladas durante los siete primeros minutos de vida y afirmadas y perfeccionadas, a su manera, durante los siete primeros años de vida. Recordemos los numerosos ejemplos de ilusiones ópticas donde se aprecia cuán fácilmente la mente es engañada a percibir algo que objetivamente es falso.
El mundo está lleno de ilusiones y lo que pensamos que es real, puede no serlo. Lo que vemos, no necesariamente es. Incluso, ¡casi nunca es!
Atención. nuestra vida anterior, nuestra infancia por ejemplo, puede ser agradable o desagradable de recordar. Todo depende cómo la percibamos. Si centramos nuestra atención en lo agradable y en lo que hemos aprendido, será un buen recuerdo. Incluso lo que en el pasado fue desagradable, quizás nos sirvió para aprender y no cometer errores más graves hoy o en el futuro.
No podemos cambiar los hechos del pasado; pero sí podemos cambiar la forma como los percibimos y dónde centramos nuestra atención. Se dice que el pasado culpa, el futuro preocupa y el presente ocupa. Es responsabilidad de cada uno el estar arrepentido, ocupado o preocupado.
A menudo oímos frases como ésta: ‘Sé que es perverso porque conozco a este tipo de personas’. ¡Cuidado con esta clase de pensamiento! Podemos estar viendo a esa persona en un contexto negativo; una impresión como esa puede venir de la infancia, inconscientemente. Una persona con bigote quizá nos recuerde al vecino que discutió con papá cuando éramos niños.
Otra ilusión es pensar que “lo que es, siempre es”. “Oh, conozco a esa persona desde hace veinte años y no puede haber cambiado!” ¡Cuidado con esas afirmaciones! Es preciso dar una oportunidad a las personas y las cosas para que puedan cambiar. Incluso nosotros podemos ser hoy una persona completamente diferentes de la que éramos hace cinco o diez años.
Hay un método extraordinariamente sencillo para cambiar y ser feliz:
· Dar a la gente más de lo que quieren.
· Dar a la gente menos de lo que no quieren.
¿Sencillo? Sí lo es. Y como muchas cosas sencillas, es profundamente efectiva. Aún siendo fácil de enunciar y comprender, la mayoría de las personas jamás piensan en lo que los demás quieren: ¡están demasiado ocupadas de sí mismas!
La mayoría de las personas quieren que los demás le den lo que ellas quieren, que hagan lo que ellas quieren. Y se dedican tanto a conseguir lo que quieren que olvidan que el modo de conseguirlo es empezar dando primero a los demás lo que los demás quieren.
Toda empresa triunfadora en el mundo hace lo mismo. Da más de lo que los clientes quieren y menos de lo que estos no quieren.