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10 de Marzo de 2007

Solo con el corazón se puede ver correctamente

lo que es esencial e invisible para los ojos.

 

EL BUDA DE ORO

 

 

En Bangkok está el Templo del Buda de oro. Dice la tradición que en 1957, un grupo de monjes de un monasterio tenían que trasladar un Buda de arcilla de casi tres metros y medio de altura a una nueva ubicación porque  iban a derribar el monasterio  para dejar paso a la carretera que atravesaría Bangkok. Cuando la grúa comenzó a levantar la estatua su peso era tan grande que se empezó a agrietar y el monje principal, al ver el peligro de que sufriera algún daño, ordenó que lo bajarán y, como llovía, cubrieron la estatua con una lona.

 

A la noche, cuando la lluvia amainó, el monje fue a inspeccionar al Buda Sagrado, dirigió la luz de su linterna por debajo de la lona y se sorprendió al ver un rayo en una de las pequeñas grietas. Valiéndose de un cincel abrió parte de la grieta y fue mayor la sorpresa  al ver, después de mucho trabajar, que debajo de la arcilla el Buda estaba hecho de oro macizo.

    Varios cientos de años antes de este descubrimiento el ejército birmano estaba por invadir Siam. Los monjes dándose cuenta de que su país pronto sería atacado, cubrieron su Buda de oro con arcilla para evitar que su tesoro fuera saqueado por los birmanos. Los soldados mataron a todos los monjes y el secreto del Buda de oro cubierto de arcilla se fue a la tumba hasta el feliz día del descubrimiento.

 

Diferentes circunstancias y varias programaciones infantiles cubrieron la verdadera esencia de algunos jóvenes puestos a su cuidado y usted tiene la valiosa oportunidad de descubrir el tesoro oculto.

 

Al monje principal le costó mucho trabajo el quitar el recubrimiento de arcilla para dejar al descubierto al Buda de oro; así usted, señor profesor, como facilitador de la educación, con martillo y cincel, con vocación de servicio, con trabajo, disciplina y perseverancia siga descubriendo la verdadera esencia del alumnado puesto a su cuidado.

Jack Canfield dice: “Todos somos como el Buda de arcilla,  cubiertos con una concha de dureza; pero dentro de cada uno de nosotros hay una esencia de oro, que es nuestro verdadero yo”.

 

Para poder descubrir la riqueza interior de los demás es conveniente quitarse primero la arcilla personal: la máscara de dureza disfrazada de disciplina. La tiranía que oculta algún resentimiento familiar o social, la especialidad que limita la acción y mueve a la evasión  de responsabilidades, la ley del menor esfuerzo que culpa a la familia o al profesor del grado inmediato anterior, el autoritarismo que oculta a la inseguridad y al miedo, la soberbia que cubre el temor al fracaso, el respeto irrestricto a la programación oficial que ahoga a la creatividad, etc.

La mayor riqueza  interior es el conjunto de valores físicos, mentales, sociales, económicos, morales y espirituales.

 

Se habla mucho de la pérdida de valores y  de  la  urgente  necesidad  de  buscarlos  y

 

rescatarlos; se habla y  se recomienda la educación y transmisión de los valores. Se cree que se está viviendo en una sociedad de violencia y muerte. El mismo dinero, que nunca satisface, es, en muchas ocasiones, un factor de muerte y destrucción.

 

Pero para transmitir valores hay que enamorarse de la vida, de los ideales, tener algo por qué luchar. Si no se enamora de la vida no es posible luchar por el trabajo, la constancia y la disciplina. La entrega, con una vocación de servicio, ha perdido importancia y el deseo de tener ahoga a la capacidad de ser.

 

Se quiere tener dinero, poder, prestigio y apariencia y al interesarse por esto se cae en los antivalores y en la corrupción; al interesarse por los medios y no por los fines.

 

¿Cómo educar en los valores? … El ejemplo es una orden silenciosa, con honestidad y responsabilidad personal, siendo honesto hacia uno mismo y luego hacia los demás, es decir, primero yo porque si yo estoy bien todo estará bien.

 

San Agustín dijo: ama y después haz todo lo que quieras. El amor abre todos los caminos de realización en la cultura de los valores. Quien se ama no se desintegra, no se destruye; pero para amarse hay que conocerse porque no se puede amar a un desconocido. Para poder amarse es necesario aceptarse con todas las cualidades y limitaciones que no son sino características diferenciales que a cada uno le da identidad.

 

El que se ama es responsable con su propia vida  y refleja su responsabilidad en la consideración a los demás.

 

Señor profesor, ejercite su capacidad de amar y, honestamente, eduque con su ejemplo. Enfrente las dificultades con valentía y seguridad de realización total; sea feliz y viva orgulloso de su servicio y capacidad de amar; porque todas las actividades hechas con amor siempre estarán bien hechas.

 

 

 

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