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25 de Agosto de 2008

CONOCIENDOSE

 

Sócrates ya nos dijo que la única forma de triunfar era iniciándose en el conocimiento de uno mismo para poder conocer a Dios que está dentro de cada uno en forma de energía divina capaz de convertir la discordia en armonía; la ignorancia en sabiduría; el temor en amor y la carencia en abundancia.

 

Los poderes personales son radiantes y magnéticos, iluminan y atraen todo lo que se desea; pero la desvalorización consciente o inconsciente, producto de las diferentes programaciones personales y colectivas ha deteriorado la seguridad y confianza en uno mismo.

 

Es común la afirmación de “golpe de suerte” frente al triunfo de alguien y por lo mismo es difícil pensar y más creer que “el trabajo, la disciplina y la perseverancia”  son activadores del poder personal y llaves del éxito.

 

Si con oportunidad nos preguntamos y con honestidad respondemos “qué es lo que nos gusta hacer”  corremos el riesgo de encontrar el campo vocacional y, sea cual fuere la actividad, podemos hacer realidad una de las leyes universales: “bien ser, bien estar, bien hacer” y, como consecuencia de esto, vendrá la añadidura de la que habla la Biblia: el “bien tener”.

 

Recuerdo que hace poco un amigo instaló una “taquería” en el tiempo, lugar y circunstancias que parecían adecuados; todo presagiaba éxito; pero no prosperó el negocio, a qué se debió?..., sin duda a la ausencia vocacional y esto afirmo  porque a la pregunta de: te gusta hacer tacos? la respuesta no fue segura. En muchas ocasiones, el fracaso se culpa a elementos condicionados que poco o nada tienen que ver con la verdad oculta por programaciones previas.

 

Y digo y afirmo esto porque hay otros negocios que están instalados en lugares muy alejados y tienen éxito porque los que atienden disfrutan de su trabajo, se divierten haciendo lo que les gusta hacer y obtienen la añadidura y el dinero  se convierte en una compleja energía circulante como muestra del aprecio del servicio prestado, en el campo del amor y la integridad armónica.

 

La mente y  las emociones que abarcan el amor, la bondad y la paz eliminan cualquier  limitación y liberan al hombre de las ataduras y restricciones del pensamiento condicionado. El siglo pasado se caracterizó por el avance y dominio de la tecnología que hizo que el hombre se apartara del humanismo y dependiera de la máquina en las diferentes actividades.

 

Se ve en muchas partes el deterioro de la habilidad creadora y la frustración manifiesta cuando no hay el coche, el internet, la computadora, la calculadora, el control remoto, etc. Los que saben nos recomiendan el uso de la tecnología con responsable libertad; pero no la dependencia a ella porque toda dependencia esclaviza y la esclavitud ya fue abolida  hace mucho tiempo.

 

La unidad de Dios y el hombre hace realidad el poder creativo para elevarse por encima de las limitaciones que son cómodas formas de evadir la responsabilidad del ser. Se dice que “cuando encuentras tu verdadera identidad, te das cuenta de que formas una unidad con el Padre”. Jesús dijo “Pero si no os conocéis a vosotros mismos, entonces vivís en la pobreza y sois vosotros los que sois esa pobreza”.

 

La energía de Dios se manifiesta en forma de pensamientos y las palabras confirman la validez de los pensamientos; crean verdaderos decretos y dan paso a la conciencia de prosperidad que permite aceptar a Dios dentro de uno como la fuente de todo lo bueno.

 

En nuestros días está ya presente la inquietud por la reconquista del humanismo real y verdadero que permite encontrar y dar vida a la verdad de que Dios es riqueza sin límites y que el hombre, por ser hijo de Dios, es heredero natural de esa abundante herencia. El temor a las condiciones materiales (riqueza o pobreza) destroza el cuerpo material e impide que se forme un canal de mayor suministro de bienestar.

 

 

 

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