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30 de Diciembre de 2006

Reconoce y aprovecha las oportunidades

antes de que dejen de serlo

 

CALIDAD Y COMPONENTES

 

 

La responsabilidad ejercitada en el presente es experiencia que nos capacita para ejercitar mejor en el futuro. El que es responsable en lo pequeño, aquí y ahora, será responsable en lo grande en cualquier tiempo y lugar.

 

Nuestra institución reclama experiencias orientadas a mejorar la autoestima, tanto de alumnos como de profesores. Las experiencias encaminadas a descubrir y desarrollar vocaciones y las que buscan potenciar otros ámbitos de la persona, habitualmente descuidados: la apreciación estética, la valoración personal, la congruencia y honestidad, etc.

 

La calidad en la educación es el reflejo y el producto de los componentes  que definen a cada institución; entre estos componentes están los perfiles de profesores y estudiantes, los programas de estudio, las técnicas y métodos de enseñanza y las relaciones humanas.

 

Para ubicarnos en nuestra realidad es necesario hacer una investigación responsable sobre la calidad de los componentes que definen a nuestra institución.

 

Señor profesor, ¿Qué ha generado usted como características que puedan diferenciar a sus alumnos?...

¿Está satisfecho y orgulloso con los resultados de su acción educadora?…

¿Qué aprendizajes útiles para la vida propició en sus clases?...

¿Cree que su acción docente trascienda?...

¿Estimuló para que sus alumnos participaran en acciones extracurriculares?...

¿Sembró y cosechó en sus clases el respeto, la honestidad, la ética, la confianza, la congruencia?...

¿Su actividad está alentada por una actitud mental positiva y el claro deseo de optimizar su trabajo para fortalecer a nuestra institución?...

 

Si hacemos un diagnóstico y una evaluación de nuestro trabajo técnico docente, es posible que nos falte algo para lograr el objetivo de proporcionar a los estudiantes una educación de calidad, apropiada a sus capacidades, pertinente y útil a lo largo de su vida para ellos, su familia y su patria.

 

La necesidad de cambiar la actividad escolar es innegable y uno de los principales cambios es la orientación programática hacia el desarrollo de habilidades y el cultivo de valores.

 

La práctica docente para el desarrollo de habilidades representa un trabajo arduo y requiere que los profesores dediquemos más tiempo a comentar y analizar el contenido de las habilidades en los cursos existentes y además valorar la aportación que pueden hacer las actividades extracurriculares al desarrollo de las destrezas y actitudes positivas frente al trabajo.

 

Si los alumnos, con la orientación del profesor, dedicaran parte de su tiempo a leer libros y artículos específicos, a hacer mapas conceptuales o dibujos sobre el contenido de un párrafo, a hacer ejercicios de experimentación e investigación, a redactar ensayos creativos y críticos, a participar en seminarios de discusión, obtendrían una educación con calidad. Claro está que para realizar este tipo de trabajo los profesores deben investigar por cuenta propia con el fin de actualizar  estrategias,  conocimientos, metodología, contenido e importancia de las clases propositivas.

 

Los programas oficiales no son los únicos instrumentos que nos permitirán alcanzar los niveles de calidad que el colegio persigue. Es necesario aprovechar el quehacer diario de nuestra gente y verlo como un factor muy importante en el proceso educativo para que sea pertinente.

 

Para reforzar las acciones educativas, los padres de familia, profesores y alumnos debemos aprovechar los acontecimientos diarios, las noticias que los medios de comunicación difunden, los comentarios de los diferentes sectores políticos, económicos y sociales.

 

La relación entre los protagonistas de la educación reclama una convivencia cercana, amigable y de colaboración generosa; demanda actitudes sinceras, no de competencia desleal, no de desplantes de superioridad sino de responsabilidad compartida.

 

Es motivante para el escolar la forma en que se le trate porque sabe que merece respeto y así mejora su colaboración con el profesor. La actitud es recíproca: yo le aprecio, y él me aprecia; yo le respeto, y me respeta, etc.

 

Si anteponemos a nuestra relación escolar el amor, la comprensión y consideramos que el alumno responde más cuando le atendemos más, los resultados de nuestra acción educadora no se dejarán esperar.

 

Demos vida al lema escolar de “Trabajo, disciplina y perseverancia”. El trabajo docente jamás debe ser considerado como un “modus vivendi” o una fácil salida ocupacional mientras se presenta otra mejor oportunidad laboral.

 

El ser profesor compromete a una preparación constante porque si realizamos actividades docentes irresponsablemente, corremos el riesgo de  sembrar equívocos y fallar en la intención educadora y los perjudicados serán los jóvenes que con toda buena intención asisten a nuestras clases; habría fraude a los padres de familia y deterioro de la institución que nos contrata.

 

Conviene que el personal docente haga conciencia de su responsabilidad y considere que desde el momento en el que se incorpora a labores académico-docentes. El estudio, la concentración, la educación de aptitudes y talentos, aunados a la afirmación de principios y valores, serán la garantía de nuestra identidad como centro de aprendizaje de calidad superior. El triunfo es de los tenaces, de los que persistan en su labor por el mejor desempeño.

 

Lo que sucede en una clase es el resultado del trabajo que el profesor inspira; si hay puntualidad y trabajo constante y adecuado en el docente, puntualidad y trabajo habrá en el alumno.

 

Cuando la actividad docente se vuelve rutinaria no da los frutos que de ella se espera; por lo tanto el profesor está obligado a una constante renovación, siempre atento a la entrega del producto en un plazo fijo, de conformidad con su planeación didáctica y apegado a su plan de clase.

 

El profesor debe saber cómo mejorar el proceso de enseñanza y cómo elevar, sustancialmente, los rendimientos de los alumnos. El cuidado por el mejor rendimiento en el trabajo debe ser el sello característico del personal docente. Dejemos para mediocres la afirmación viciosa de “medio me pagan, medio trabajo”. Si no es posible que el profesor adquiera las técnicas y estrategias para la mejor enseñanza y rendimiento, es más sano que cambie de actividad en beneficio del colectivo escolar y de su propio nombre.

 

Investiguemos cómo actúan los profesores que tienen éxito con sus alumnos y adoptemos las estrategias adecuadas al tiempo, lugar y circunstancias para hacer de nuestro centro de trabajo un lugar de privilegio, de relación armónica y un semillero de satisfacciones que nos permitan decir con orgullo: soy profesor  del Centro de Estudios John F. Kennedy de Tehuacán.

 

El rendimiento escolar depende, en gran parte, de la planeación didáctica, si la clase está bien planeada, el resultado será el que se propone alcanzar. La planeación de la clase permite hacer algunos adecuamientos sobre la marcha; pero de ninguna manera es saludable planear la clase sobre la marcha. A un médico no se le pide que recete el medicamento de costumbre sino que diagnostique y recete la medicina más apropiada. De la misma manera el profesor debe estar capacitado para saber elegir las estrategias adecuadas; no es conveniente preparar la clase de manera técnica y artesanal; recordemos que la educación es un acto de amor y entendimiento.

 

El profesor no es un autómata de la educación (un fonógrafo de repetición automática) que transmite instrucciones sino un profesional capaz de evaluar y animar el proceso que ha seleccionado como el más adecuado para sus alumnos.

 

Ejemplo: el usar módulos de autoaprendizaje es muy saludable para el proceso de enseñanza-aprendizaje y esto puede ayudar al profesor a cambiar su forma de pensar:

 

a) Al ver cómo los estudiantes investigan y describen siguiendo las instrucciones de los módulos, bien preparados, y descubren, por ejemplo, que no hay una sola respuesta para las preguntas y problemas.

 

b) Al contestar a las preguntas de los estudiantes que son simples y de fácil respuesta.

 

c) Al constatar que es más agradable trabajar de esta manera.

 

El cambio es el resultado de una actividad natural con los estudiantes; los profesores pueden experimentar las ventajas y desventajas que tiene esta forma de interactuar con los alumnos. Podrán elaborar la teoría del nuevo rol magisterial en camino hacia la excelencia educativa.

 

          Para que podamos hablar de calidad de

la educación es necesario hablar de la calidad de docentes. Se necesitan profesores capaces de enfrentar los desafíos económicos, técnicos y sociales del mundo contemporáneo; profesores mediadores del aprendizaje, agentes culturales de cambio y no únicamente transmisores de conocimientos; profesores que construyan y reconstruyan su práctica diaria sobre bases rigurosamente  humanas y científicas, armoniosamente correlacionadas.

 

Una estrategia en pos de la calidad de la educación requiere del adiestramiento constante de los profesores en funciones; urge la adopción de  ofertas educativas diferenciales de acuerdo con las condiciones locales, en las cuales se conjuguen lo necesario e imprescindible de hoy con el futuro.

 

La calidad no se reduce a la mera extensión de los servicios educativos, depende del profesionalismo del docente, de la investigación educativa y del trabajo científico del profesor como promotor del cambio hacia la cultura de la responsabilidad en la puntualidad, el trabajo, la disciplina y perseverancia en el bien.

 

Es sabido que la calidad de la educación es perfectible y por tanto es algo permanente y posible de lograrse para llegar al liderazgo en lo personal, institucional, científico y tecnológico. Se ha dicho que la calidad comienza primero con uno mismo y no con el otro y sí con todos; es un problema de conciencia y cultura.

 

La lucha por la calidad de la educación es un medio y un fin, proceso y resultado, condición y fuente para el desarrollo del hombre y de la sociedad.

 

El estudiante necesita ejemplos, modelos a seguir y, sobre todo, necesita aprender a pensar. Es sabido que la función del cerebro es la menos conocida y allí está la principal tarea del profesor: hacer trabajar mentalmente a sus alumnos. La materia más importante es la “materia gris” para que  se aproveche al máximo la potencialidad del hombre y no se permita que viva y muera con el cerebro seminuevo.

 

Si una clase resulta aburrida el profesor tiene toda la responsabilidad de que así sea. Una clase interesante y amena no quiere decir que sea jocosa y llena de chistes.

 

Para planificar una clase se toma en cuenta la trilogía del aprendizaje:

 

a) Lo que oigo lo olvido,

 

b) Lo que veo lo recuerdo,

 

c) Lo que hago lo comprendo y nunca olvido.

 

El profesor que solamente usa el método expositivo provoca, indirectamente, la distracción mental de sus alumnos. Es sabido que la mente capta 500 o más palabras por minuto y, oralmente, sólo podemos pronunciar a gran velocidad algo así como 260 palabras, que se llenan con imágenes complementarias o materia de distracción.

 

¿Quiere tener alumnos distraídos?... dé un sermón. ¿Quiere tener alumnos atentos e interesados en una clase, que por necesidad temática es expositiva?: enriquezca sus clases con imágenes mentales intencionales y dirigidas: anécdotas, cuentos y fábulas.

 

Hacer para comprender es lo que falta en algunos planes didácticos. Como guía de planificación docente, conviene recordar qué tipo de clases nos gustó, cuando estudiantes, y se parte desde allí para ser aceptados y luego sembrar la credibilidad en la validez del trabajo escolar.

 

Si el alumno no aprende a usar su “materia gris” en la escuela, es remoto pensar que la use cuando vaya a ser confrontado en su primer trabajo.

 

 

 

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